FIRST STEPS INTO MEDITATION

Debería empezar este post con el refrán “Nunca es tarde si la dicha es buena”.

Tras descubrir la meditación hace poco más de un año, siento que me ha hecho tanto bien que ya ni me incomoda pensar en todo el tiempo perdido. La meditación ha llegado a mi vida, algo tarde, pero para quedarse. Aquí os cuento lo que he aprendido, los beneficios que he encontrado en ella, y cómo la practico. Espero que os resulte útil.

Para aquellos que estéis empezando a indagar sobre la meditación o hayáis escuchado hablar sobre mindfulness, o para los que, como me sucedió a mí cuando empecé, tengáis algunas ideas preconcebidas acerca de los que es la meditación, me gustaría empezar por desmontar algunas creencias que están muy extendidas sobre lo que es y cómo se practica. No pasa nada por no tenerlo claro. A mí también me pasaba y de hecho, el haber podido aprender qué NO es la meditación fue la clave que me hizo interesarme por lo que SÍ es.

QUÉ NO ES LA MEDITACIÓN

  • La meditación es algo de hippies. En realidad es mucho más propia de CEOs de gran corporación o de altos cargos políticos que de hippies. Barack Obama o Steve Jobs son claros ejemplos. Ministros, grandes personalidades y gente sometida a mucha presión practican la meditación de forma habitual.
  • Para meditar hay que dejar la mente en blanco y no pensar en nada es muy difícil. La meditación se practica ejercitando la mente, y nuestra mente tiene entre sus funciones principales generar pensamientos. La meditación no pretende ir contra la naturaleza, no pretende pedirle a la mente que deje de hacer aquello para lo que está diseñada.
  • Para meditar hace falta estar en el campo o en un lugar remoto y aislado. Se puede meditar paseando por un parque, andando por la ciudad, pelando garbanzos (creedme, lo he hecho, y sí, pelo los garbanzos para el hummus), tumbado el la cama, en un banco del parque, sentado el el suelo de tu salón, en la bañera, en la ducha, comiendo… Solo necesitas unos auriculares o ni eso.
  • Meditar me supone dedicar demasiado tiempo y tengo muy poco tiempo disponible. Tienes 5 minutos al día? Solo 5 minutos. No necesitas más. Como en cualquier ejercicio se empieza a practicar poco a poco. Tengo un amigo muy aficionado a correr y él me animaba a que me aficionara también. Cuando yo le decía que no me sentía capaz de correr durante mucho rato me insitía en que no hacía falta. Que solo tenía que empezar por correr cada día 5 minutos seguidos, sin pararme. Y que siguiera corriendo solo 5 minutos diarios hasta que yo misma sintiera deseos de correr 6, ó 7, ó 10. Pues esto es lo mismo. Empiezas por 5 y sigues con 5 hasta que sientas que quieres aumentar. Que lo sentirás. Y si no, 5 minutos diarios son más que suficientes.
  • La meditación está relacionada con el budismo. El hecho de que en determinadas confesiones se practique una forma de meditación no la hace exclusiva ni asociada a una religión. La meditación es universal. En muchos ritos religiosos se canta y el hecho de cantar no está asociado con ninguna religión.

Una vez que hemos aclarado un poco algunos conceptos os puedo hablar de mi experiencia.

Debo aclarar que la meditación que yo practico es guiada. Es decir, un instructor va indicando los pasos que debo seguir para meditar. Con práctica y experiencia se puede conseguir hacerlo sin guía, o ayudándose solo por sonidos o cierta música, pero a mí aún me resulta difícil. Yo prefiero escuchar al instructor. En el universo smartphone hay cientos de apps de meditación que podéis ir probando hasta encontrar la que más os guste, con la que os sintáis más cómodos, o la que mejor os funcione. A mí me gustan las que incluyen en la meditación cierto contenido de terapia sobre situaciones vitales sobre las que puede serme de utilidad reflexionar. Meditación para afrontar un cambio de residencia, para enfrentarse a una pérdida, para tener más paciencia como padre, para controlar la ansiedad, para conciliar el sueño, para empezar el día con energía…

Yo utilizo una que se llama Simple Habit que creo que no tiene aún contenido en español, pero dos de las apps más conocidas en el mundillo de las apps de meditación guiada que son Headspace y Calm, tienen sus propias versiones en español. Normalmente funcionan por suscripción pero tienen siempre algo de contenido gratis que viene muy bien para ir probando unas y otras. Yo he probado un montón y al final me he quedado con 4-5 que son las que más utilizo.

CÓMO ME HA AYUDADO LA MEDITACIÓN

Seguro que todos habéis experimentado esta sensación de tener mil cosas en la cabeza a la vez. De estar haciendo algo y de pronto darte cuenta de que no sabes cómo lo has terminado porque estabas haciéndolo pero no estabas prestando atención. Esa capacidad de estar haciendo muchas cosas y pensando en otras tantas que tan útil puede resultar en ocasiones, es también un arma de doble filo. En mi caso me hacía no ser capaz de prestar la debida atención ni disfrutar plenamente de muchas situaciones, y en ocasiones de encontrarme en medio de una espiral de enfado, ira, o tristeza de la que me arrepentía pero que no había sido capaz de evitar porque no había podido reconocer las señales que me decían que la cosa no iba por buen camino.

A través de la meditación yo he conseguido:

Aprender a enfocarme en hacer solo una cosa y a centrarme en ella

Y saber que esa cosa que puede hacerme recuperar el equilibrio está siempre a mi alcance y siempre va conmigo a todas partes. Es mi respiración. Centrar la atención en la respiración tiene un poder sobre la mente que yo desconocía. A partir de ahí consigo extrapolar esa atención a cualquier cosa que hago en mi día a día y siento que estoy más presente y menos en mi cabeza.

Manejar la ansiedad

He aprendido determinadas técnicas de respiración que según se realizan de una u otra manera me pueden ayudar a rebajar la ansiedad más acumulada o a detener un ataque de ansiedad en pleno momento ascendente.

Evitar arranques de enfado

Aprender a identificar señales que me manda mi cuerpo cuando por ejemplo estoy a punto de estallar. Hasta ahora nunca me había preguntado qué es lo que experimento físicamente justo antes de ese momento en el que me enfado sin remedio y ya no hay vuelta atrás. Seguro que sabéis de qué hablo. Esos enfados en los que una vez que empiezas ya dices de todo, gritas y entras en una espiral que hay que dejar que se apague poco a poco. Y que normalmente te dejan luego una sensación de vacío, tristeza y culpabilidad. En los dibujos animados este momento previo a la explosión es muy gráfico. Se ve a los muñecos ponerse cada vez más rojos y empezar a echar humo por las orejas… Pero si te paras a pensarlo, todos tenemos reacciones físicas que nos avisan de que nuestro particular volcán va a entrar en erupción, lo que sucede es que no estamos acostumbrados a prestarles atención y no sabemos reconocerlas. Yo ahora que me he parado a meditar sobre ello he identificado que en mi caso es como un calor que me sube por la parte posterior del cuello y se me aloja en la cabeza, como si una mano muy caliente me sujetara la cabeza. Es difícil de poner en palabras pero yo lo comprendo y sé a lo que me refiero. Estas señales pueden ser distintas para cada persona. Hay quien lo describe como una sensación de zozobra o de mareo. Hay que siente calor en las manos. Son sensaciones sutiles pero perfectamente detectables una vez que te propones identificarlas y te entrenas para ello. Y el saber reconocerlas a mí me ha evitado ya varias escaladas de enfado. He podido darme cuenta a tiempo de lo que iba a suceder y he podido reconducir la situación.

Cultivar la paciencia

Esto es algo que me costaba mucho porque siempre he sido muy impaciente. Pero especialmente siendo padre es muy necesario y me he dado cuenta de que estaba afectando a mi relación con las niñas.

Aprender a ser amable conmigo misma

A no culpabilizarme por todo. Empezando por cuando me distraigo y me doy cuenta de que estoy pensando en las mil cosas que tengo pendientes mientras se supone que debo estar meditando y centrada en mi respiración. No castigarme. De hecho, en este caso concreto, el solo hecho de darte cuenta de que no estás a lo que deberías estar ya es un gran avance desde el punto de vista de mindfulness. Ya lo has identificado. No lo pienses más. Vuelve a tu respiración.

Eliminar la culpa de mi proceso mental es de lo que más me cuesta, pero voy sintiéndome cada vez más segura de lo que hago y lo que es aún más importante para mí, de las cosas que hice en el pasado y con las que no me sentía a gusto. Ahora sé que forman parte de mí, de mi viaje como ser humano y de mi transición y crecimiento y las voy aceptando a la vez que voy encontrando aquello de me dejaron de positivo, que siempre lo hay.

Aprender a no sufrir con anticipación

Esto está en proceso. Yo soy una persona que tiende a ponerse siempre en la peor situación posible y sufro con anticipación sobre cosas que en la mayoría de ocasiones no llegan nunca a suceder. De momento lo que he conseguido es no agobiarme cuando tengo un día complicado, lleno de mil cosas que hacer y que van a ser difíciles de encajar. La Beatriz de antes de la meditación estaría 3 noches sin dormir solo pensando en lo complicado que va a ser el día. La Beatriz de hoy simplemente va ejecutando cada una de las cosas que tiene que hacer en ese complicado día una por una, centrándose solo en cada una de ellas al tiempo. Y os aseguro que se vive mucho mejor.

Estar presente

Esto ha mejorado especialmente en mi relación con mis hijas. Y no solo por el bien de ellas sino por el mío propio. Prestar la debida atención cuando me hablan o me cuentan algo, porque no estoy haciendo otras 3 cosas a la vez. Practicar la escucha activa y estar atenta a los detalles. Por ejemplo, me pasaba muchas veces que por la mañana leíamos juntas el menú de lo que tenían para comer en el colegio cada día, y al cabo de un rato yo ya no lo recordaba por el simple hecho de que no estaba enfocando el 100% de mi atención a leer el menú con ellas. A la vez estaba intentando recordar la lista de la compra, reservar mi puesto en la clase del gimnasio, pensar en los emails y mensajes que tengo pendientes de contestar y asegurarme de que no se olviden la bolsa de natación en el coche.

Desde que he aprendido la importancia de estar presente y enfocarme en cada cosa que hago, cuando leemos el menú, hago un esfuerzo por centrarme en hacer eso con ellas, y tengo conmigo misma un pequeño reto diario. Cuando las recojo por la tarde, antes de verlas y de preguntarles qué tal ha ido el día y qué tal han comido, compruebo si soy capaz de recordar su menú. Si lo recuerdo me refuerzo en la idea de que he estado presente y si no, no me castigo ni me lamento, pero centro más mi atención en estar más presente para ellas el resto del día. Podéis buscar algún reto sencillo de este tipo que os ayude a evaluar en qué medida vais pensando en mil cosas cuando estáis por la mañana con vuestros hijos/padres/mascotas/amigos. Qué ropa llevaban puesta por la mañana es una buena idea (mis hijas llevan uniforme por eso a mí se me ocurrió utilizar la del menú) o qué peinado llevaban…

CÓMO LA PRACTICO

A día de hoy yo encuentro momentos a lo largo del día para meditar. Algunos de mis favoritos son antes de comer o cuando estoy en el coche esperando a que sea la hora de ir al colegio a recoger a las niñas. Pero mis ratos de meditación imprescindibles siguen siendo por la noche y por la mañana.

La meditación de la noche la hago cuando me preparo para ir a dormir. Es un momento en el que intento cerrar el círculo del día que termina y al igual que preparo mi cuerpo (me tomo una infusión, me limpio a fondo los dientes, la cara, me pongo mis cremitas…) me gusta preparar mi mente. Ya tumbada en la cama y con las luces apagadas pero aún despierta, me pongo mis cascos, me aplico unos toquecitos de aceite esencial de lavanda en la frente y las sienes y hago una sesión de meditación guiada.

La meditación de la mañana no me avergüenza reconocer que hay días que no me siento capaz de hacerla. Especialmente si he dormido mal y cuando suena el despertador lo único que quiero es apagarlo. Pero si me despierto después de haber descansado suficiente suelo hacer una sesión todavía en la cama y antes de levantarme. Suelen ser sesiones cortitas, de 5 minutos, y sobre algún tema que me interese trabajar en particular según cómo me encuentre. La gratitud, la paciencia, la ansiedad, la inseguridad…

Como os decía al principio solo llevo algo más de un año meditando y siento que aún tengo mucho que avanzar y que aprender. Pero no puedo negar los beneficios que siento en mi vida diaria, y el crecimiento personal que he experimentado desde que la practico. Si tenéis ideas preconcebidas sobre la meditación que os alejan de ella os animo a sacudiros los prejuicios (en general os animo a hacerlo en cualquier esfera de la vida) y a probar. Nada puede haber de malo en probar. Si te gusta y te aporta beneficios no habrás perdido el tiempo. Y si encuetras que sigue sin ser para ti, no habrás perdido nada en el camino.

Para cualquier cosas que queráis preguntarme dejadme un comentario. Estaré encantada de ayudaros con mi experiencia.

3 thoughts on “FIRST STEPS INTO MEDITATION

  1. Jo, qué bien explicado y escrito está todo. Llevo mucho tiempo queriendo aprender a meditar me casa, ya que de momento solo hago 10min al final de las clases de yoga del gym, y reconozco que si consigo abstraerme, me encanta la sensación de relajación. A ver si me animo a buscar alguna de las apps que dijiste y comienzo a meditar a solas y en casa. Un saludo Beatriz!

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  2. Hola! Hace tiempo que empecé a interesarme por la meditación pero solo había hecho unas cuántas sesiones aisladas. Después de leer tu post, me he animado y me he propuesto meditar un ratito todos los días. Gracias!

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